Los periodistas que cubren la política exterior han exigido al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que abandone sus prácticas autoritarias y respete la libertad de información. Se trata de unas quejas que vienen de lejos, cuando los corresponsales diplomáticos escribieron hace dos años una carta al Ministerio, pero que ahora responden a la indignación que ha explotado después de que Albares exigiera la cabeza de una periodista de la agencia Europa Press.
Los hechos ocurrieron cuando el ministro compareció en el Palacio de Viana ante la prensa con su colega griego, Georgios Gerapetritis, y tras ocho meses en los que Albares no ofrecía una rueda de prensa, algo impropio en una democracia. Entonces, el responsable de comunicación de Exteriores, Antonio Asencio, indicó a los periodistas españoles que solo tendrían un turno de preguntas, y los periodistas se pusieron de acuerdo para que uno de ellos planteara al ministro los tres asuntos de actualidad en la misma pregunta.
La encargada de hacerlo fue la redactora de Europa Press, Leyre Guijo, quien recordó al ministro que llevaba ocho meses sin comparecer ante la prensa en España, y añadió que esperaba que en el futuro hubiera más ruedas de prensa. Albares despachó la pregunta en 28 segundos y, visiblemente molesto, se marchó, tras lo que llamó a los directivos de esta agencia para pedir la cabeza de la periodista, que lleva 26 años trabajando en la misma, que cuenta con gran experiencia en información internacional y que, desde hace cinco, es la corresponsal diplomática.
La polémica ha acabado por lllegar al secretario general, Antonio Guterres, y también la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), mayoritaria en la carrera, ha criticado la política de comunicación de Exteriores.
Con todo, para quienes siguen Exteriores a diario, lo sucedido no es un error puntual, sino la confirmación de un patrón que incluye negativas reiteradas a responder las peticiones de información, silencios prolongados, vetos selectivos, cancelaciones de última hora y presión directa sobre empresas periodísticas cuando las preguntas o los periodistas incomodan al titular de Exteriores.
Parece que Albares sabe que los periodistas que cubren Internacional son un último obstáculo para implantar un estilo autocrático, arbitrario y falto de transparencia, por lo que algunas fuentes internas del ministerio admiten que el objetivo del ministro no es solo someter a la agenda mediática, sino disciplinar. Estas fuentes, acostumbradas a las purgas y los métodos del ministro, lamentan que “los periodistas han escrito piezas objetivas e independientes describiendo los usos de Albares. Sin embargo, el intento de silenciar a Leyre Guijo quizá haya sido un punto de no retorno. Ha intentado socavar la independencia de criterio a través de presiones a la empresa”.
Según defienden, “los periodistas han dicho basta y los diplomáticos hemos de agradecer su labor de vigilantes de la democracia. Porque no se trata solo de la política exterior. Está en juego mucho más”
Como ejemplo recuerdan una situacion desagradable para los periodistas españoles que cubrieron el Doha Forum en Qatar. El gabinete de prensa del ministerio de Exteriores, que dirige Antonio Asencio, prometió unas declaraciones de Albares. Minutos después de que el Ministerio tuviera conocimiento de la identidad de algunos de los informadores presentes, la atención a los medios fue cancelada por el propio Asencio alegando “problemas de agenda”, y sin que hubiera disculpas ni explicaciones. Ese mismo día, el ministro sí tuvo tiempo para conceder entrevistas a medios extranjeros, también presentes en la conferencia.
Así las cosas, los periodistas afectados relatan un patrón reiterado: cuando el enfoque no gusta, se cierra de un portazo, mostrando tolerancia cero con la libertad de prensa, y sin ofrecer rectificación pública ni explicación transparente, sino solo silencio administrativo y, en ocasiones, represalias y advertencias.
El malestar cristalizó por primera vez de forma colectiva en 2024. En una carta dirigida al entonces director general de Comunicación, Diplomacia Pública y Redes, Julio Pastor, los corresponsales diplomáticos expresaron su insatisfacción con el acceso a la información y a las fuentes del Ministerio. Reconocían las restricciones propias de la diplomacia, pero fijaban un límite democrático.
La carta denunciaba que la interlocución con expertos del Ministerio había sido prohibida por Albares, por lo que los corresponsales reclamaban recuperar prácticas habituales durante años: briefings regulares antes de viajes, cumbres y acuerdos internacionales; ruedas de prensa tras bilaterales con posibilidad real de preguntas y repreguntas; e información previa sobre los contenidos de las reuniones para poder informar con precisión.
El departamento de prensa, dirigido por Antonio Asencio, está integrado, además, por Florentino Llera -que acaba de marcharse a Casa Real tras una trayectoria empañada por sus años finales bajo Albares-, Gema Castillo, Ana Izquierdo, Concha Méndez, María Rodríguez Alcázar y Elena Aljarilla.
El trabajo del gabinete de prensa es mínimo, a pesar del número de personas empleadas, de manera que el grupo de WhatsApp habilitado para la difusión de comunicados entre los periodistas no funciona con regularidad, mientras que las solicitudes de información vía mail no se contestan, a pesar del acuso de recibo automático.
La dinámica interna es consultarlo todo con el ministro, que -como en el resto de áreas- no delega e impide que nadie por debajo de él atienda a la prensa.
