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Les Luthiers, premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2017

Les Luthiers, el grupo de músicos-humoristas argentinos formado en los años 60, han resultado ganadores del premio Princesa de Asturias en la categoría de Comunicación y Humanidades de 2017.

Les Luthiers responden a la imagen de seis señores sobre un escenario, trajeados de smoking, jugando al humor absurdo y, a la vez, refinado e intelectual con la excusa de la música clásica. La música de sus cacharros, igual que la voz narrativa de sus shows, se sitúa entre la socarronería y el engolamiento y está grabada en la memoria de millones de espectadores que son fieles a sus espectáculos desde hace décadas.

En Madrid, por ejemplo, tenían el rito de contratar cinco noches consecutivas en el Teatro Rex de la Gran Vía, donde siempre llenaban, hasta que los llevaron al Palacio de los Deportes, donde siguieron llenando.

Marcos Mundstock, uno de sus componentes, ha explicado que Les Luthiers venían de un momento de libertad y plenitud intelectual que se vivió en Argentina y, sobre todo, en sus universidades, en los años 60, justo antes del golpe del general Juan Carlos Onganía. Al parecer, uno de los rasgos de aquel momento fue el éxito de los coros universitarios y, aunque parezca una broma, del conjunto vocal de la escuela de ingeniería de la Universidad de Buenos Aires nació Les Luthiers.

Otro dato curioso es que, al principio, Mundstock, Masana, Maronna, Núñez Cortés y Rabinovich, los componentes fundadores del grupo, eran un poco viejos precoces, ya que habían nacido en las vísperas inmediatas del 68 y de la contracultura, por lo que eran unos muchachos de clase media o algo más, estudiantes muy formales de carreras de ciencias, apasionados de la música clásica convencional, veinteañeros de esos que seguían poniéndose americana y corbata cuando iban a trabajar...

Sin embargo, como su propuesta era insólita, cayeron en los escenarios de la nueva cultura. Así, el Instituto Di Tella, el gran foco de la cultura contestataria en Buenos Aires, acogió sus primeras actuaciones. De esa manera, en 1968, nació Johann Sebastian Mastropiero, el personaje que habría de convertirse en el hilo conductor de la carrera de Les Luthiers, y que viene a ser un Bach chapucero, hedonista y porteñamente sabihondo, un genio idiota, un fresco con delirios de grandeza, pero encantador.

Cuando dieron con esa tecla, Les Luthiers alcanzaron el éxito, sobrevivieron a las dictaduras sin meterse en demasiados líos, dieron el salto a España y el resto de América Latina, vieron morir a a Masana y a Rabinovich pero consiguieron preservar un núcleo duro... Con los años, Les Luthiers se han convertido en una especie de sabios del humor que ahora han sido reconocidos con el prestifioso premio español Princesa de Asturias.

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